Guía para familias · Conducta y desarrollo infantil

Mi hijo tiene rabietas muy intensas: cómo acompañarlo y cuándo buscar ayuda

Una dificultad a la vez.

Siete pasos para observar lo que ocurre, acompañar los momentos difíciles y practicar una habilidad concreta en familia.

Por Ángel Carrasco Jácome · NeuroCarePublicado el · 8 min de lectura

Sebas sostiene un carrito mientras mamá permanece cerca y lo escucha, ilustración de los personajes de NeuroCare.
Acompañar empieza por estar disponible y comprender la situación.
Para empezar
  1. Prioriza la seguridad durante la rabieta.
  2. Practica una habilidad pequeña cuando haya calma.
  3. Busca ayuda si hay riesgo o dificultades importantes en la vida cotidiana.

Se termina el juego y tu hijo empieza a gritar. Le pides que espere y se tira al suelo. Intentas explicarle lo que está pasando, pero parece que cada palabra lo altera más.

Como mamá, papá o cuidador puedes terminar cansado, preocupado y sin saber qué hacer la próxima vez. Además, aparecen comentarios como «le falta disciplina» o «lo hace para conseguir lo que quiere». Esas frases dejan fuera preguntas importantes: ¿qué le está costando?, ¿qué ocurrió antes?, ¿qué ayuda necesita para responder de otra manera?

Para empezar, vamos a organizar el acompañamiento alrededor de tres ideas: proteger durante la crisis, practicar cuando haya calma y trabajar una dificultad a la vez.

¿Qué puede haber detrás de una rabieta?

Las rabietas son frecuentes en los primeros años. La frustración al intentar comunicarse, el cansancio y el hambre pueden influir. También conviene observar si aparecen al interrumpir una actividad, ante una demanda difícil o cuando hay demasiado ruido. Llorar y gritar nos muestran que algo ocurre; para comprenderlo necesitamos mirar la situación completa. [1, 8]

Si hay dolor, malestar físico o necesidades básicas pendientes, hay que atenderlos. La respuesta debe ajustarse a la edad, al lenguaje y a las habilidades del niño.

Una dificultad a la vez: siete pasos para empezar

Este es un punto de partida para organizar la observación y el acompañamiento familiar. Si hay riesgo o un impacto importante en la vida cotidiana, busca ayuda sin esperar a completar los pasos.

Elige una situación concreta

«Quiero que se porte bien» resulta demasiado amplio. Elige un momento que se repita y descríbelo con claridad:

«Cuando termina el juego y le pido guardar, grita y lanza los juguetes».

Después, plantea una habilidad pequeña que quieras enseñarle. Por ejemplo: «Guardar el primer juguete conmigo cuando terminamos de jugar». Ajusta la meta a lo que puede hacer con ayuda. Las metas específicas y alcanzables facilitan saber qué practicar y qué reconocer. [3]

Observa qué pasa antes, durante y después

Anota ejemplos breves de esa misma situación:

  • Antes: ¿qué estaba haciendo?, ¿cómo le avisaste?, ¿estaba cansado?, ¿qué le pediste?
  • Durante: ¿lloró, gritó, lanzó algo o intentó alejarse?, ¿cuánto duró aproximadamente?
  • Después: ¿qué hiciste?, ¿qué cambió?, ¿qué pareció ayudarlo a recuperarse?

Escribe lo que viste: «lanzó dos carros» aporta más información que «se puso imposible». Busca también ocasiones en que la transición fue más fácil. Un episodio aislado no demuestra por qué ocurre; varios registros permiten reconocer patrones. [2]

Prepara el momento que suele resultar difícil

Antes de terminar el juego, acércate y comprueba que puede atenderte. Anticipa el cambio de una forma comprensible: «Una vuelta más del carro y guardamos».

Al llegar el momento, ofrece una instrucción breve y señala dónde va el objeto: «Pon el carro en esta caja». Puedes darle una elección real: «¿Guardamos primero el rojo o el azul?». [4]

Revisa también si estás pidiendo demasiado al final de un día agotador. Una tarea más pequeña, menos prisa o una rutina que cuide el descanso pueden facilitar la situación. [1]

Practica la alternativa cuando esté tranquilo

Ensaya con otro juguete: tú guardas uno y le ofreces el suyo. Dale tiempo y ayuda según lo que necesite.

También puedes enseñarle a pedir ayuda con una palabra, un gesto o una imagen, según su forma de comunicarse. Responde a ese intento. Practicar en situaciones cotidianas permite construir recursos que después podrá utilizar cuando algo le cueste. [2]

Empieza por una oportunidad breve y posible. Puedes dejar escrito: «Hoy practicaremos guardar un carro juntos al terminar este juego».

Sebas guarda un carrito en una caja con el acompañamiento de mamá, ilustración de NeuroCare.
Una meta concreta: guardar un carrito con acompañamiento, en un momento de calma.

Durante la rabieta, prioriza seguridad y acompañamiento

Si ya está muy alterado, reduce las explicaciones y evita discutir. Habla despacio y usa pocas palabras. Puedes decir: «Querías seguir jugando. Estoy aquí». Poner nombre a lo que siente puede ayudarlo a sentirse comprendido. [5]

Si lanza objetos, apártalos y protege a quienes estén cerca: «Voy a apartar esto para que nadie se lastime». Mantén una presencia tranquila, deja espacio y evita golpear, amenazar o humillar. La seguridad requiere intervenir; las conductas peligrosas no deben ignorarse. [1, 7]

Ofrece consuelo de la forma que tolere. Acompañarlo puede coexistir con mantener un límite razonable: el juego terminó y tú sigues disponible. Si el contacto lo altera más, permanece cerca sin imponer un abrazo. [3, 5, 6]

Si tú también estás perdiendo la calma, pide relevo a otro adulto de confianza, manteniendo la supervisión del niño. [1]

Reconoce el esfuerzo y retoma el aprendizaje

Cuando vuelva a estar disponible, reconoce algo concreto que logró: «Guardaste el carro conmigo» o «Me mostraste que necesitabas ayuda». Hazlo en ese momento, con palabras sencillas. [3]

Comparte también momentos agradables fuera de las situaciones difíciles: jugar, mirar un cuento o conversar siguiendo sus intereses. La relación necesita espacios que no estén dedicados a corregir. [5]

Si hubo un daño, cuando ambos estén tranquilos pueden repararlo de una manera posible para su edad, como recoger juntos lo que cayó. Si gritaste, puedes reconocerlo: «Te hablé muy fuerte. Voy a intentar decírtelo con calma». Este ejemplo muestra una forma de reparar y volver a intentarlo.

Revisa lo ocurrido y ajusta el plan

Compara situaciones parecidas: cuántas veces pudo intentar el paso, qué ayuda necesitó y cómo terminó la actividad. Observa también la frecuencia, la duración y el riesgo de las rabietas.

Puedes acordar una revisión familiar al finalizar la semana. Es una fecha para mirar el registro, no un plazo en el que el niño deba haber cambiado. Si la tarea sigue siendo demasiado difícil, reduce el paso o solicita orientación.

Procura que los adultos conozcan la misma meta y la forma de acompañarla. Para empezar, basta con que todos sepan qué van a practicar en esa situación.

Un ejemplo de plan familiar

Puedes usar este ejemplo como modelo y completar el tuyo:

Plan familiar: una situación y una habilidad para practicar
Qué acordamosEjemplo
Situación que trabajaremosTerminar el juego de carros.
Habilidad que practicaremosGuardar un carro con ayuda.
Cómo prepararemos el cambioAvisar antes y mostrar la caja.
Qué haremos si se desbordaProteger, hablar poco y permanecer disponibles.
Qué reconoceremosEl intento de guardar o de pedir ayuda.
Qué revisaremosQué pudo hacer, cuánta ayuda necesitó y qué facilitó la transición.

Adapta el ejemplo a tu hijo. Elige una dificultad concreta que afecte su bienestar o participación y una respuesta que pueda aprender.

¿Cuándo conviene buscar ayuda?

Consulta con su pediatra o con un profesional de salud mental infantil si las rabietas:

  • Son muy frecuentes, intensas o difíciles de resolver para su edad.
  • Incluyen golpes, mordidas, lesiones o intentos de hacerse daño.
  • Interfieren con la escuela, el juego, las relaciones o las actividades familiares.
  • Se acompañan de irritabilidad o tristeza persistentes entre los episodios.
  • Continúan de forma intensa o recurrente en la edad escolar. [7]

También puedes pedir apoyo si te preocupa perder el control o sientes que ya no sabes cómo acompañarlo. Lleva ejemplos, registros y lo que observan otros cuidadores o docentes.

Si hay peligro inmediato y no puedes mantener a salvo al niño o a otras personas, busca atención urgente. Un cambio brusco acompañado de dolor o signos de enfermedad también merece valoración médica. [7]

¿Cómo puede ayudarte una consulta en NeuroCare?

En NeuroCare, en Guayaquil, podemos revisar contigo qué ocurre, en qué situaciones aparece y qué aspectos del desarrollo o del funcionamiento cotidiano conviene valorar. La consulta inicial orienta qué apoyo necesita tu familia.

Puedes conocer nuestro proceso de evaluación neuropsicológica infantil en Guayaquil. Para preparar la consulta, empieza por una situación concreta y un ejemplo reciente.

Este artículo ofrece orientación general. Las estrategias deben adaptarse a cada niño y no sustituyen una valoración individual.

Fuentes

  1. American Academy of Pediatrics · HealthyChildrenConsejos para sobrevivir las rabietas o berrinches.
  2. Organización Mundial de la SaludCaregiver skills training for families of children with developmental delays or disabilities: participants’ guide, group sessions 1–9. 2022.
  3. CDCCómo usar elogios y recompensas.
  4. CDCTips for Giving Directions.
  5. American Academy of Pediatrics · HealthyChildrenHelping Little People Manage Big Feelings.
  6. NHSTemper tantrums.
  7. American Academy of Child and Adolescent PsychiatryTemper Tantrums and Outbursts. 2025.
  8. American Academy of Pediatrics · HealthyChildrenUnderstanding Your Child’s Temperament: Why It’s Important.
Volver al inicio del artículo ↑
Autoría y actualización del contenido

Autor: Ángel Carrasco Jácome.

Autoría institucional: Equipo NeuroCare.

Actualización editorial: . Información general; no sustituye una evaluación individual.

Hablemos

Te respondemos por correo.

Déjanos tus datos para que el equipo pueda contactarte.

Usaremos tus datos para lo que autorices. Puedes pedir su eliminación o dejar de recibir novedades escribiendo a neurocare.ecuador@gmail.com. Uso de tus datos.

No incluyas informes ni detalles clínicos. Deja el correo de la persona adulta que solicita la información.
Prefiero abrir mi aplicación de correo

Asistente NeuroCare

Orientación comercial · Respuestas guiadas

No diagnostica ni confirma citas. No compartas nombres, informes ni datos clínicos. En una emergencia, llama al 911.